
Nos puso un cuento en el ordenador llamado "El ladrón de palabras" de la Editorial Edelvives, que trata de un chico que va buscando palabras y las guarda en botes de forma clasificada: palabras dulces, palabras bonitas...
Después de comentar el cuento, la seño nos enseñó 4 botes y se nos ocurrió la idea de que en cada bote metieramos un tipo diferente de palabras. Por ejemplo, palabras bonitas, palabras feas, palabras graciosas y palabrotas.
Cuatro amigos copiaron de la pizarra el título que le pondríamos a cada bote y se los pegamos. Es entonces cuando propusimos que cada uno tenía que escribir una palabra bonita, una fea y una graciosa para meterlas en su correspondiente bote. Así que repartimos 3 papelitos, les pusimos nuestro nombre, escribimos las palabras y las clasificamos en los botes.
¿Y qué pasa con el bote de las palabrotas? Este bote debía quedar vacío. Porque aunque los mayores de nuestro alrededor, nuestros hermanos y algunos amigos las digan, debemos ser conscientes de que si las decimos podemos molestar a los amigos. Podemos pensarlas porque existen, es una realidad, pero no a todo el mundo les gusta escucharlas.
Con respecto a esto, Juan Pedro sugirió la idea de escribirlas y guardarlas en el bote.
En la realización de esta actividad surgieron algunos problemas:
1. Habían pocos amigos que no entendían eso de escribir palabras que fueran de ese tipo, por ejemplo, un amigo no pensaba en qué palabra podía ser graciosa, sino que pensaba poner letras sin más.
2. Otros también escribían frases: TE QUIERO, PAYASO LOCO...
3. En el tipo de palabras graciosas confundían la palabra con lo que les hacían gracia, como por ejemplo PAYASO.
Pero en general se entendió bien la propuesta.
En la asamblea del día siguiente, la seño Fini nos leyó las palabras que escribimos en cada bote, mientras que la seño Alba, en prácticas, las iba anotando. Y la seño de apoyo, Alicia, las pasó a un word y las imprimió.
Esa misma tarde hicimos una actividad grupal. Cada equipo tenía un jefe, que era el encargado del material, lo que nosotros llamamos OKEMOS. Éste debía elegir 2 amigos para que leyeran las palabras, otros 2 que las recortaran y otros 2 que las pegaran en un mural, clasificándolas entre todos.
Debíamos llegar a un consenso sobre donde pegar las palabras, ya que cada equipo tenía un mural donde volver a clasificar las palabras según nos parecieran bonitas, feas o graciosas, igual que lo hicimos en los botes.
Cada equipo decidió hacerlo de una manera diferente. Unos las leían, las recortaban y las pegaban. Otros las recortaban todas, las leían y las pegaban...
Cada equipo fue haciéndolo de la mejor manera posible, aunque luego hablamos sobre las dificultades que nos encontramos. Estas son algunas de ellas:
1. Algunos amigos decían que estaba muy bien la actividad porque su jefe les dejaba hacer lo que querían.
2. Otros decían que estaban agobiados porque sólo había un amigo para pegar las palabras.
3. Otros no hacían caso de lo que los demás le leían y pegaban las palabras donde querían sin criterio alguno.
4. Y otros las leían y no se lo decían al resto.
Pero en general la actividad ha gustado mucho por hacerla en grupo y contar con la ayuda de los demás para realizarla. El resultado de los murales no nos importa tanto.
Aquí os los dejo:
Cuatro amigos copiaron de la pizarra el título que le pondríamos a cada bote y se los pegamos. Es entonces cuando propusimos que cada uno tenía que escribir una palabra bonita, una fea y una graciosa para meterlas en su correspondiente bote. Así que repartimos 3 papelitos, les pusimos nuestro nombre, escribimos las palabras y las clasificamos en los botes.
¿Y qué pasa con el bote de las palabrotas? Este bote debía quedar vacío. Porque aunque los mayores de nuestro alrededor, nuestros hermanos y algunos amigos las digan, debemos ser conscientes de que si las decimos podemos molestar a los amigos. Podemos pensarlas porque existen, es una realidad, pero no a todo el mundo les gusta escucharlas.
Con respecto a esto, Juan Pedro sugirió la idea de escribirlas y guardarlas en el bote.
En la realización de esta actividad surgieron algunos problemas:
1. Habían pocos amigos que no entendían eso de escribir palabras que fueran de ese tipo, por ejemplo, un amigo no pensaba en qué palabra podía ser graciosa, sino que pensaba poner letras sin más.
2. Otros también escribían frases: TE QUIERO, PAYASO LOCO...
3. En el tipo de palabras graciosas confundían la palabra con lo que les hacían gracia, como por ejemplo PAYASO.
Pero en general se entendió bien la propuesta.
En la asamblea del día siguiente, la seño Fini nos leyó las palabras que escribimos en cada bote, mientras que la seño Alba, en prácticas, las iba anotando. Y la seño de apoyo, Alicia, las pasó a un word y las imprimió.
Esa misma tarde hicimos una actividad grupal. Cada equipo tenía un jefe, que era el encargado del material, lo que nosotros llamamos OKEMOS. Éste debía elegir 2 amigos para que leyeran las palabras, otros 2 que las recortaran y otros 2 que las pegaran en un mural, clasificándolas entre todos.
Debíamos llegar a un consenso sobre donde pegar las palabras, ya que cada equipo tenía un mural donde volver a clasificar las palabras según nos parecieran bonitas, feas o graciosas, igual que lo hicimos en los botes.
Cada equipo decidió hacerlo de una manera diferente. Unos las leían, las recortaban y las pegaban. Otros las recortaban todas, las leían y las pegaban...
Cada equipo fue haciéndolo de la mejor manera posible, aunque luego hablamos sobre las dificultades que nos encontramos. Estas son algunas de ellas:
1. Algunos amigos decían que estaba muy bien la actividad porque su jefe les dejaba hacer lo que querían.
2. Otros decían que estaban agobiados porque sólo había un amigo para pegar las palabras.
3. Otros no hacían caso de lo que los demás le leían y pegaban las palabras donde querían sin criterio alguno.
4. Y otros las leían y no se lo decían al resto.
Pero en general la actividad ha gustado mucho por hacerla en grupo y contar con la ayuda de los demás para realizarla. El resultado de los murales no nos importa tanto.
Aquí os los dejo: